“Criar con conciencia en la era de Bad Bunny”
Elisa Sainz • 11 de febrero de 2026

¿Eres de los que aman a Bad Bunny o de los que no pueden escucharlo? En estos tiempos, te guste o no, su música te alcanza: suena en la radio cuando manejas, aparece en la televisión cuando visitas a una amiga, está en los comerciales, en las fiestas y en las redes sociales… está prácticamente en todas partes.


Puede gustarte o no, puedes estar de acuerdo o no con sus letras. Yo, por ejemplo, detesto muchas de sus canciones, sobre todo de sus discos pasados. Podemos decir que canta mal, burlarnos de su voz o sentir que no conecta con nosotros. Todo eso es válido. Pero hay algo que merece una mirada más amplia.


Hace apenas diez años, el mismo hombre que vimos vestido de blanco cantando ante millones de personas —en vivo y detrás de una pantalla— estaba trabajando en un supermercado, llenando bolsas y ganando un salario muy bajo. El domingo pasado estuvo en uno de los escenarios más vistos del planeta: el medio tiempo del Super Bowl. Cuando nos quedamos solo con el “no me gusta”, nos perdemos otras capas que pueden ser inspiración.


Lo que hizo Benito con su último disco, Debí tirar más fotos, me pareció increíble por el homenaje que le hizo a su país, por poner la cultura, el folclore, la música y la identidad puertorriqueña en el centro. Fue un tributo a Puerto Rico que puso el foco en casa, impactó el turismo, generó empleo y logró que el mundo mirara a esa isla del Caribe.


Pero en el blog de esta semana no vengo a hablarte solo de ese famoso puertorriqueño. Vengo a hablarte de algo más profundo: la crianza de nuestros hijos en la era de Bad Bunny.


El domingo, durante el medio tiempo del Super Bowl, ocurrió algo que me dejó pensando más de lo que esperaba. Mi hija y sus amigas estaban en su cuarto y yo creía que estaban jugando como siempre. De pronto, cuando comenzó la presentación, salieron corriendo hacia la sala, emocionadas, riendo, gritando, llevando en sus manos imágenes que ellas mismas habían impreso y decorado de Benito Antonio Martínez Ocasio (Bad Bunny). No estaban jugando: se estaban preparando para ese momento.


Las miré con detenimiento y comprendí algo muy claro: ellas pertenecen a este tiempo, a esta generación, a este momento histórico. Aunque en casa escuchen otro tipo de música, están formando sus propios gustos, su propia identidad y su propia manera de mirar el mundo.


Ahí es donde comienza la contradicción para mí como madre. No puedo hacerme la ciega ante el fenómeno que representa Bad Bunny, porque no es solo música: es cultura, identidad y representación. Es evidente que no tiene la voz más técnica ni la más melodiosa —basta con escucharlo—, pero tiene algo que no se puede negar: carisma, presencia y una conexión profunda con una mayoría que no somos precisamente quienes escuchamos a Andrea Bocelli o Juan Diego Flórez.


Sin embargo, sus letras son otro asunto. Muchas veces son grotescas, vulgares, explícitas y claramente no aptas para niños. Y ahí aparece la gran pregunta que me hago como madre: 


¿Cómo protegemos a nuestros hijos en un mundo donde esto está por todas partes?

Podría prohibir, censurar o decir que en mi casa no se escucha Bad Bunny. Pero siendo honesta conmigo misma, no tengo planes de irme a vivir con ellos como ermitaña al medio del bosque sin teléfono ni internet, y menos aún viviendo aquí en Miami-Dade, donde su música está literalmente en todas partes.


Por eso he llegado a una conclusión distinta: no se trata de prohibir, se trata de enseñar a discernir. Se trata de mostrar lo malo, pero también lo bueno. Prefiero hablar claro con mi hija, explicarle por qué a mí no me gustan muchas de sus letras, ayudarla a escuchar con criterio, a diferenciar entre ritmo y mensaje, y a entender que puede disfrutar de una canción sin adoptar todo lo que dice.


¿Qué pasa cuando, delante de nuestros hijos, destruimos a alguien que ha llegado lejos solo porque no nos gusta o porque no estamos de acuerdo con todo lo que hace? ¿Qué estamos modelando realmente: descalificación automática o pensamiento crítico y discernimiento?


La invitación no es a aplaudirlo todo, sino a aprender a separar. Puedo no amar una marca de ropa y aun así reconocer que tiene piezas buenas; puedo disfrutar de un restaurante y no amar todos sus platos. Del mismo modo, no tengo que amar todo de Bad Bunny para reconocer su impacto y su mérito.


Y te confieso algo con total honestidad: cada vez que suena “Debí tirar más fotos”, yo también la canto y la bailo, y además reconozco que en su último disco hay una mejora evidente en los arreglos musicales. Eso no me convierte en incoherente, me convierte en humana.


Tal vez de eso se trata la crianza hoy: no de blindar a nuestros hijos de la cultura, sino de acompañarlos a atravesarla con conciencia, con criterio, con conversación y con presencia.


Todo este tema me lleva a algo más amplio sobre la crianza. Hay quienes rechazan la crianza consciente porque la culpan de la llamada “generación de cristal”, de criar niños débiles o con poca tolerancia a la frustración. Y en el otro extremo están quienes se vuelven tan permisivos, tan temerosos de hacer llorar a sus hijos, que pierden el equilibrio por miedo a ser autoritarios.


Entonces me pregunto: ¿por qué nos encanta irnos a los extremos cuando en el medio hay tanto por conocer y aprender?

De eso hablo en mi libro Líderes en la crianza: liderar no es pararse en una sola postura rígida, sino aprender a moverse entre distintas posiciones para mirar mejor, comprender más y conectar más profundo. Porque si hay algo que la mayoría de las madres y padres queremos es precisamente eso: conectar más con nuestros hijos, tener menos luchas de poder y no tener que repetir las cosas mil veces.


No te tiene que gustar todo de Benito, como tampoco tienes que aplicar cada estrategia de la disciplina positiva al pie de la letra. Pero date la oportunidad de mirar más allá de tu primera reacción —así como te invito a mirar la crianza con mayor amplitud—. Verás que hay mucho con lo que sí te puedes quedar, mucho que puede servirte y ayudarte a crecer como madre o padre.


Si este tema te resuena y quieres profundizar más en cómo liderar desde el equilibrio, te invito a ir al siguiente enlace (https://a.co/d/06aCkGiY) y obtener tu copia de mi libro Líderes en la crianza. Allí desarrollo con más calma estas ideas y te comparto herramientas prácticas para criar con más conciencia, conexión y criterio en el mundo que nos toca habitar hoy.