Dejar hacer también es amar
Elisa Sainz • 19 de enero de 2026

Poco antes de que terminara el año 2025 tuve una conversación muy interesante con una mamá. De esas conversaciones entre madres en las que casi siempre hablamos de lo mismo: los hijos. Ella se quejaba de que tenía que hacérselo todo a su hijo. Alcanzarle el agua cuando tenía sed, peinarlo, vestirlo, hasta ponerle las medias. Según ella, no sabía hacer nada solo.


Yo le pregunté:


- ¿No sabe ponerse las medias o no lo has dejado hacerlo solo? Porque nosotras, las madres, a veces creemos que ellos no son capaces… y actuamos en consecuencia.


¡Ay no! -me respondió con cara de frustración-, algunas veces lo he dejado, pero se viste mal, se demora muchísimo, no hace nada bien y verlo tan torpe me impacienta. Al final termino haciéndolo todo yo. Ni siquiera sabe limpiarse cuando va al baño, así que ya te podrás imaginar.


Mientras la escuchaba, yo tenía en la mente la imagen de su hijo. Lo conozco bien, hemos compartido muchas veces. Sé que no tiene ninguna necesidad especial que justifique que lo asistan en esas actividades. No le dije nada, pero por dentro la juzgué. Pensé: lo estás haciendo un inútil. Le estás dando la ayuda que no ayuda.


Pasaron los días. Empezaron las clases el 5 de enero. Y esa mañana, mientras vestía a mi hijo para ir a la escuela, me cayó como un golpe aquella conversación. El mío no tiene diez años, pero tiene siete. ¿Cuál es la diferencia real? Muy poca. Yo también estaba dando la ayuda que no ayuda. Yo también estaba quitándole la oportunidad de aprender. Yo también estaba fabricando dependencia.


Y ahí entendí algo más profundo: cuando hacemos todo por ellos, sin darnos cuenta, les enviamos un mensaje peligroso. Les decimos: “tú no puedes”, “yo lo hago mejor”, “no confío en tu capacidad”. Y ese mensaje se queda. Se instala. Se convierte en una voz interna que los acompaña durante años.


Sentí vergüenza por haber juzgado a aquella mamá. Juzgar es fácil. Ver los errores ajenos es fácil. Mirar los propios… eso ya es otra historia.


Ese 5 de enero tomé una decisión como propósito de año nuevo: no voy a vestir más a mi hijo. Esa fue la última vez. Porque si no se viste bien, la alternativa no es hacerlo por él. La alternativa es acompañarlo para que lo haga mejor. Pero eso no puede ocurrir si yo sigo haciendo la tarea completa por él. Si no se equivoca, no aprende. Si no intenta, no desarrolla habilidad. Yo puedo acompañar, puedo guiar, puedo estar cerca… pero no puedo sustituirlo.


Si yo seguía vistiéndolo cada día, mi hijo iba a cumplir diez años como el hijo de aquella mamá, y yo puedo pronosticar que seguiría esperando por mí para ponerse la ropa. Y también puedo pronosticar que yo me quejaría mucho cuando eso ocurriera. Así que, si quiero que mi historia tenga un final diferente, tengo que hacer algo diferente hoy.


Lo que voy a hacer distinto es dejar de hacer por él lo que él puede hacer por sí mismo.


Ahí entendí que mis verdaderos propósitos de año nuevo no tenían que ver solo conmigo, sino con cómo estaba criando, porque al final, eso me afecta, de manera negativa o positiva, depende mí.


También pensé en mi hija. Ella es la única de su grupo de doce años que no tiene teléfono. Cada vez que me lo dice, siento culpa. Pobrecita. Pero sé que no le hace bien. Sé el daño que causa. Sé que no tiene la madurez para manejarlo todavía y aun así, la culpa me aprieta.


Otro propósito de este año fue ese: no volver a sentir culpa por decisiones conscientes que tomo por el bien de mis hijos.


Y así fueron apareciendo varios propósitos nuevos. No de metas, no de listas, sino de conciencia.


De eso habla mi libro Líderes en la crianza, de criar con más conciencia, con más liderazgo. No es un libro de año nuevo. Es un libro para cualquier momento del año en el que te canses de repetir los mismos patrones y obtener los mismos resultados. Es una invitación a mirar la crianza desde otro lugar. A dejar de quejarte siempre de lo mismo y empezar a cambiar lo que sí está en tus manos.


Porque criar duele. Pesa. Cansa. Frustra. A veces ni siquiera el amor alcanza para que no nos sintamos agotados o enojados.


“Líderes en la Crianza” es para que esa labor de educar a nuestros hijos pese menos. Para que entiendas mejor. Para que puedas disfrutar más esta labor profunda de ser madre o padre.


Muy pronto estará disponible la tercera y última edición de este libro que cada madre y padre debería tener en casa. Ya te anunciaré la fecha.


Ahora te pregunto a ti:


¿cuál sería un propósito consciente para esta nueva etapa en la crianza de tus hijos?

Te leo.



Un abrazo 

Elisa