El método correcto no falla
Elisa Sainz • 27 de enero de 2026

El Método correcto ¿según quién? 

Hace unos días, una amiga que conoce mi trayectoria y sabe que abogo por la crianza consciente, me compartió un video que había visto en Instagram. En el video aparecía un cartel amarillo llamativo que decía “El método correcto no falla”. La escena mostraba a una niña acostada en el sofá con el teléfono en la mano. Su madre se acercaba y le decía que se fuera a bañar. La niña pedía un rato más.


La madre se iba, regresaba, volvía a pedirle que se bañara, sin trasmitir ningún respeto, sin hacer conexión real porque la niña nunca dejo de mirar a la pantalla. Esto ocurrió varias veces sin que la mujer tuviera éxito en la petición que hacía a su hija de que se fuera a bañar. La madre dejó de interactuar con la niña y mirando a la cámara dijo: “Si esto te pasa a ti, es porque no estás usando el método de crianza correcto”.


¿Sabes a que se refería ella por el método de crianza correcto? La madre tomó una correa y pretendió que le pegaba a su hija. Sé que el video estaba montado, que probablemente no le pegó ahí mismo frente a la cámara, o al menos eso quiero creer. Pero, aun así, me indignó y mucho. No solo por el mensaje que trasmitía, sino por la potestad con que ella decía que ese es “EL MÉTODO CORRECTO”. 


La violencia física y hasta psicológica suele utilizarse por muchos padres en muchas culturas para poner límites o corregir comportamientos. La evidencia científica demuestra que no educa, perjudica el desarrollo y refuerza la violencia. 


No entiendo cómo en pleno 2026 todavía seguimos confundiendo obediencia con miedo. No entiendo cómo seguimos llamando respeto a lo que en realidad es sumisión. No entiendo cómo normalizamos el dolor físico como herramienta educativa. No entiendo cómo no nos detenemos un segundo a preguntarnos qué está aprendiendo ese niño o esa niña en ese momento. Porque no está aprendiendo a seguir instrucciones, ni cumplir con horarios como el de ir a bañarse. Aprende a seguir la instrucción para evitar el dolor. Aprende que el amor duele. Aprende que equivocarse se paga caro. Aprende que su cuerpo no le pertenece. Aprende a obedecer, sí, pero también a evadir, a mentir, a no confiar.


La crianza consciente no es permisividad, como muchos creen. No es dejar hacer. No es mirar hacia otro lado. Es más difícil que pegar. Es más retadora que gritar. Requiere presencia, coherencia, límites, constancia y mucha autorregulación emocional del adulto. Requiere que el adulto se mire a sí mismo antes de corregir al niño. Y eso, seamos honestos, no todos están dispuestos a hacerlo.


El malestar que me causó ver ese video aumentó cuando me encontré con los comentarios. Miles de comentarios aprobando, incluso felicitando la actitud de esa mamá. 


“La correa educa y no pienso discutirlo con nadie.”


“Ese es el método correcto.”


“Digan lo que digan eso fue lo que funcionó, funciona y funcionará siempre, sin traumas.”


“Si no se les pega, hacen lo que les da la gana.”


“Se habla una vez, la segunda que sienta el golpe. Yo no espero dos veces para que obedezcan.”


“Horita salen los ofendidos de crianza respetuosa… Yo uso ese método infalible.”


Leí esos mensajes una y otra vez por incredulidad. ¡No podía ser verdad tanta barbarie! No eran uno ni dos, eran miles. Adultos defendiendo el dolor como método educativo. Personas justificando la violencia con risas, aplausos y fueguitos. Lo más fuerte no era el tono, era la certeza con la que lo decían. Como si no hubiera nada más que pensar. Como si la única alternativa educativa, la que no falla, fuera darles duro, para que les duela y aprendan. 


Leer cada uno de esos mensajes y analizarlos reafirmo la idea que tengo sobre los padres que siguen defendiendo el maltrato físico como método para conseguir la obediencia de los hijos. 


Muchos de esos adultos no están hablando de crianza, están hablando de supervivencia. Están hablando de la necesidad que tuvieron de imponerse a golpes porque no conocían otra menera.


De cómo aprendieron a obedecer para no ser golpeados. De cómo asociaron el amor con el miedo. De cómo normalizaron la amenaza como forma de orden. De cómo tuvieron que convencerse de que “salieron bien, traumas” para no mirar lo que dolió.


Cuando alguien dice “a mí mis padres me abrían los ojos y yo sabía que venía la paliza”, eso no es respeto, eso es miedo anticipado. Eso es un sistema nervioso en alerta. Eso es un niño que aprendió a leer el peligro, no a autorregularse. Eso es obediencia por terror, no por comprensión.


Y sí, claro que el golpe “funciona” …


Funciona para callar, funciona para detener, para controlar. Pero no funciona para enseñar. No funciona para formar criterio. No funciona para crear conciencia. No funciona para construir vínculos seguros. Lo que más me duele no es que piensen distinto a mí. Lo que me duele es que todavía haya tanto dolor sin nombrar, tanta herida defendida como si fuera una virtud, tanto miedo disfrazado de carácter.


La crianza consciente no es una moda. Es una respuesta. Es una evolución. Es una decisión valiente de romper con lo que nos dañó, aunque hayamos creído que era lo normal.


Es elegir educar desde la firmeza sin violencia, desde el límite sin humillación, desde el amor sin miedo. Si este texto incomoda, si molesta, si despierta resistencia, entonces está cumpliendo su función. Porque nadie cuestiona lo que no duele. 


Yo seguiré hablando.
Aunque incomode.
Aunque moleste.
Aunque me digan que “antes era mejor”.


Ningún niño merece crecer creyendo que el golpe es justificado con amor. -Te pego porque te amo y quiero que crezcas siendo una persona de bien-. Tampoco, ningún adulto debería seguir cargando con eso en silencio. Ese video me recordó que todavía tenemos un camino largo por recorrer. Que todavía hay mucho que desaprender. Que todavía hay niños creciendo con miedo y adultos justificándolo con frases heredadas. Y por eso sigo escribiendo, sigo hablando, sigo insistiendo. Porque criar no es dominar. Educar no es someter. Amar no es golpear.


Y porque ningún método que necesite violencia puede llamarse correcto.


Muy pronto estará disponible la nueva edición del libro: “Líderes en la Crianza”.


Esta edición nace para acompañarte, no para señalarte. Para ayudarte a entender, no a juzgar. Para mostrarte que es posible ejercer una crianza consciente desde la firmeza, el amor y los límites, sin recurrir al miedo ni a la culpa.


Si alguna vez has sentido que criar es más difícil de lo que te dijeron, este libro es para ti. Quédate cerca. Lo que viene puede cambiar la forma en que miras a tus hijos… y también la forma en que te miras a ti.



Un fuerte abrazo 

Elisa