Pausa y volvemos: Liderazgo consciente en la Crianza
Elisa Sainz • 16 de diciembre de 2025

Hola humano que estás criando a otro humano. Hoy es martes de blog. Hoy es martes de hacer una pausa y reflexionar. Me gustaría que el texto que te comparto cada semana te regale, aunque sea, unos minutos de calma. Voy a ser sincera contigo: si no aplicas las estrategias que aquí te comparto, si no estás de acuerdo con todo lo que lees, pero aun así te permites sentarte unos minutos en silencio a leer, entonces puedo decir que valió la pena. Porque esas pausas son profundamente importantes, no solo para ti, sino para toda la familia. Y de eso precisamente quiero hablarte hoy.


La crianza no es solo cuidar, proteger y corregir a nuestros hijos. Criar es liderar. Porque si hay algo que realmente deseamos madres y padres es influir en nuestros hijos. Y si tú no influyes, alguien más lo hará. Quiero que pienses en esto con calma.

¿Sabes cuántas veces al día damos instrucciones o corregimos a nuestros hijos?
¿Te has detenido alguna vez a contarlas?


Existe un estudio que señala que madres y padres damos aproximadamente diecisiete instrucciones o correcciones cada treinta minutos. Haz la cuenta. ¿Te imaginas cuántas órdenes damos en un solo día? Muchísimas. Y ahora quiero que vayamos un poco más profundo. ¿Qué hay detrás de cada una de esas instrucciones? ¿Cuál es el deseo genuino que las sostiene? Tal vez no lo habías pensado, pero el deseo es influenciar. Orden tras orden con un solo objetivo: educar, influir.



Pero aquí viene algo importante. Para influenciar a una persona hay que liderar. Y para liderar es imprescindible hacer pausas. Pausas para escucharnos a nosotros mismos y pausas para escuchar a nuestros hijos. En este proceso hay una influencia invisible, una que no siempre vemos, pero que está presente todo el tiempo. Es cómo vivimos, cómo nos regulamos, cómo reaccionamos, cómo amamos y cómo reparamos.


La paciencia se pierde con facilidad cuando estamos criando hijos. Nos sobrepasamos, explotamos, decimos cosas que duelen y herimos. Cuando eso ocurre no es porque seamos malos padres o malas madres, sino porque hay un desbalance en nuestra vida. Es ahí cuando toca hacer una pausa y después de la pausa, toca reparar. Nos toca a nosotros como adultos, porque cuando reparamos, lideramos, influenciamos y enseñamos.


¿Cómo podemos reparar? 


Cuando después de un conflicto haces una pausa y le prestas atención a cómo te sientes, empieza a aparecer la respuesta y con ella la manera correcta de reparar. Por ejemplo, decir: no me sentía bien, estoy agotada y me frustro cuando siento que no me escuchas. Por eso grité. No me gusta hacerlo. No me siento bien cuando lo hago. Disculpa.


¿No desearías eso de tus hijos cuando pierden la paciencia, cuando gritan, cuando hieren? Pero ¿cómo van a aprender a reparar si nadie se los ha enseñado? Nos dijeron que la autoridad no pide perdón, que la autoridad no se equivoca, que la autoridad no retrocede. Y yo te pregunto: ¿quién les va a enseñar a reparar? ¿La calle? ¿La escuela? ¿Los amigos? No. Eso se aprende en casa. Eso lo enseñas tú.

El liderazgo se desarrolla. Son habilidades que se aprenden y te hablo desde mi experiencia. Yo no promuevo el liderazgo en la crianza porque sea la mamá perfecta. Lo hago porque tropecé mucho, porque sufrí mucho y porque deseaba que fuera diferente. Yo me preguntaba por qué, si amo tanto a mis hijos, esto me cuesta tanto. Por qué me frustro tanto mientras los educo. Por qué disfruto tan poco esta labor de ser mamá. Hoy no me da vergüenza decirlo. Disfrutaba muy poco porque estaba agotada, porque no hacía pausas y porque estaba desconectada de mí. Tuve que reinventarme y aprender nuevas estrategias. Una de ellas fue aprender a pausar y desarrollar habilidades de liderazgo. Comencé a ocuparme de mí tanto como me ocupo de ellos y a cambiar mis creencias sobre lo que realmente significa ser una buena mamá.


Si la crianza fuera un cien por ciento, antes disfrutaba un veinte y hoy disfruto un ochenta. Invertí los números porque me sentía mal y decidí cambiar lo que tenía que ser cambiado. Eso también es liderazgo. Si algo te molesta, cámbialo.


Ese es el regalo que quiero hacerte esta Navidad: una pausa. Pero una pausa consciente, que te ayude a entender la importancia de respirar, especialmente cuando aparece la culpa o la frustración. No esperes al blog del próximo martes. Regálate una pausa cada día que te devuelva a ti. Unos minutos a solas, unas páginas de un libro (poder ser mi libro: “Lideres en la Crianza”), una caminata por el barrio, con música suave o fuerte, la que te haga sentir mejor.


Si aún no formas parte de nuestra comunidad de Parents as Leaders, te invito a unirte. Recuerda que nadie nos entregó un manual para criar bien a nuestros hijos. Por eso te invito a que nos acompañes y así desarrollar habilidades de liderazgo. Créeme, se aprende.


Un fuerte abrazo 

Elisa Sainz